martes, 24 de marzo de 2026

No solo sufren las playas del Mediterráneo: estos son los impactos que amenazan los arenales de Galicia

Playa de Riazor (La Coruña), en la que ondea una bandera azul, un distintivo de calidad. Pablo Pita, CC BY-SA

Las playas son lugares hermosos que invitan al descanso y la diversión. En ellas se realizan todo tipo de actividades de ocio, que van desde relajarse tomando el sol hasta practicar deportes acuáticos como el esnórquel o el surf. Por ello, y a pesar del aumento de la oferta de actividades alternativas en España en los últimos años –como el turismo cultural y gastronómico, las rutas de senderismo o las visitas a entornos rurales–, las playas, junto con el buen clima, siguen siendo el principal atractivo turístico para los visitantes, tanto nacionales como extranjeros.

Además de ser espacios de recreo, las playas son ecosistemas costeros de gran valor ecológico que albergan una notable biodiversidad. Esta riqueza biológica se debe al elevado dinamismo de estas áreas, sometidas al constante impacto del oleaje, al desplazamiento de los sedimentos y a la alternancia entre la exposición al aire y al sol, y la inmersión en agua salada.

Por su condición de ecotonos, es decir, fronteras entre el mar y la tierra, las playas son el hogar de numerosas especies de animales y plantas altamente especializadas y resistentes, la mayor parte de las cuales no se encuentran en ningún otro lugar.

A ello se suma el hecho de que las playas y la naturaleza que albergan brindan diversas e importantes contribuciones a las personas, como la protección frente al oleaje y la erosión costera, así como la producción de alimentos.

Banderas azules, banderas negras

Muchos de los animales que habitan las playas, al pasar buena parte de su vida enterrados en la arena o tener hábitos nocturnos, suelen pasar desapercibidos para los visitantes. Por esta razón, la biodiversidad no suele ser uno de los valores que los bañistas tienen en cuenta al elegir qué playa visitar.

En cambio, lo habitual es que seleccionen el arenal en función de criterios de funcionalidad como la cercanía, la accesibilidad, los servicios disponibles o la seguridad, y no por motivos medioambientales, con la posible excepción de la calidad del agua de baño.

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Por ello, las banderas azules, un galardón otorgado por un consorcio de entidades privadas previa solicitud de las Administraciones públicas locales, resultan convenientes para muchos, ya que se centran en la evaluación de los servicios básicos y de la calidad del agua de baño, especialmente en lo que respecta a la contaminación fecal.

Desgraciadamente, la contaminación por aguas fecales, ya sea a causa de vertidos procedentes de depuradoras deficientes o de vertidos incontrolados, es un problema habitual en muchas zonas costeras de España, incluida Galicia. Esta situación afecta incluso a playas que ondean banderas azules, tal y como expone la ONG ambientalista Ecologistas en Acción en su informe Banderas negras 2025.

Sobrepesca y contaminación industrial

A pesar de su impacto evidente sobre las personas y los ecosistemas, la contaminación fecal no es el problema más grave que afecta a las playas del norte de España. Los ecosistemas litorales sufren una amplia variedad de amenazas que, en conjunto, comprometen seriamente su viabilidad ecológica y socioeconómica.

Entre estas amenazas destacan la sobrepesca y el furtivismo (también de bañistas), la destrucción de hábitats y la alteración de las corrientes costeras provocada por infraestructuras como puertos, embalses y diques, así como por actividades de extracción de arenas y dragados. A ello se suma un turismo creciente que presiona tanto los ecosistemas como los servicios básicos y es fuente de conflictos en muchas áreas costeras.

Una mención especial merece la contaminación industrial, que con frecuencia alcanza el mar a través de los ríos, una situación especialmente preocupante en Galicia. Un caso emblemático es el de la papelera de la multinacional española ENCE, que ha ocupado durante décadas el dominio público marítimo-terrestre en la ría de Pontevedra, vertiendo residuos industriales y contribuyendo tanto a la degradación de los ecosistemas costeros como al deterioro de la calidad de vida en la zona.

Además, esta empresa ha favorecido la expansión del monocultivo de eucalipto, una especie que empobrece la biodiversidad y altera el equilibrio hidrológico.

A esta situación se suma una nueva amenaza: la posible instalación de una nueva planta de celulosa de la multinacional portuguesa ALTRI, que ha recibido recientemente una declaración de impacto ambiental favorable por parte de la Xunta de Galicia para ubicarse a orillas del río Ulla.
Mariscadora recogiendo moluscos en la ría de Arousa
Mariscadora en la ría de Arousa, la más productiva de Galicia. Pablo Pita, CC BY-SA

Este río desemboca en la ría de Arousa, la más productiva en términos de marisqueo. La planta vertería en ella millones de litros de aguas residuales al día, lo que podría agravar la crisis de productividad que el marisqueo en la ría ya viene sufriendo desde hace décadas como consecuencia de múltiples impactos humanos.

Esta crisis se ha visto intensificada por desembalses catastróficos de agua dulce y por los efectos del calentamiento del agua asociado al cambio climático.

Los invisibles habitantes de las playas

Si bien una playa con bandera azul podría parecer una opción adecuada en entornos urbanos, esta distinción resulta claramente insuficiente para la inmensa mayoría de las playas. En realidad, normas como la ISO 14001 o el sistema europeo EMAS ofrecen estándares de calidad ambiental más completos y exigentes, y ya están siendo adoptados por algunas Administraciones locales comprometidas con la sostenibilidad.

Sin embargo, más allá de sellos y certificaciones, es fundamental reaprender a mirar las playas como lo que realmente son: lugares hermosos porque los compartimos con una multitud de seres vivos que, aunque a menudo pasen desapercibidos, están ahí, entregados a sus actividades cotidianas a nuestro alrededor.

Sepia bajo el agua sobre el fondo arena
Sepia común (Sepia officinalis) en el submareal arenoso de una playa. Pablo Pita, CC BY-SA

Las pulgas de mar que se refugian bajo los arribazones de algas, los gusanos que dejan sus pequeños fideos de arena enroscada sobre la superficie, los diminutos gobios que nadan en la misma orilla, una sepia que adhiere sus huevos en las hojas de una hierba marina o el vuelo de una gaviota recortándose sobre el azul del cielo son solo algunas de esas pequeñas maravillas.

Pez con la boca roja y cuerpo de tonos violetas en el fondo sobre las rocas
Gobio de boca roja (Gobius cruentatus), frecuente a poca profundidad en las costas gallegas. Pablo Pita, CC BY-SA

Tomar conciencia de la presencia de esa vida por momentos invisible es un primer paso esencial para transformar nuestra relación con las playas y contribuir a su protección como legado para las generaciones futuras. Al fin y al cabo, nuestros antepasados probablemente dieron sus primeros pasos vacilantes en una playa olvidada hace millones de años. Se lo debemos.

La política municipal y el enfado de los ciudadanos


Por Luis Domenech

Nadie se levanta por la mañana pensando en el pleno de su ayuntamiento, ni en una  determinada ordenanza municipal. Nadie sigue la actualidad política local igual que la nacional, pero prueba a que te planten una obra debajo de casa, que te suban un impuesto municipal, que las calles estén repletas de basura que no se retira o que te limiten circular con tu coche por la ciudad porque está llena de baches… y verás lo rápido que te conviertes en experto en política municipal. Ahí sí interesa. Y no por cualquier cosa, sino porque afecta directamente a nuestro día a día, a nuestra rutina. 

Cuando de repente el ciudadano tiene que pagar más, soportar el ruido constante de una obra o cambiar la forma en la que se mueve por su ciudad porque tu coche ya no puede circular por ella por la falta de mantenimiento del asfalto en el que abundan los profundos baches que revientan ruedas, o porque no puede andar por las aceras que los servicios municipales la cortan con vallas y que te obligan a cruzar al otro lado de la calle para seguir tu camino, el ciudadano toma conciencia y se posiciona.

La mayoría de la gente no sigue la política municipal a diario, y menos en ciudades grandes o capitales de provincia. En cambio, en los municipios pequeños puede haber algo más de interés por simple cercanía, porque en el pueblo se conocen todos y se habla de lo que pasa, pero en general la gente no sigue la política, sino que reacciona ante los hechos, sobre todo, cuando las consecuencias son negativas y cuando les afecta.

Quizás porque en la política municipal está la política de verdad, la que está mas cerca del ciudadano y porque le afecta directamente, el politiqueo mediático no suele atraer su atención porque lo ve alejado de la realidad. En este contexto, muchos políticos locales entienden la comunicación como un ejercicio de transmisión de información, como un espacio donde volcar todo lo que hacen, cuando en realidad es mas un ejercicio de publicidad y de autobombo de lo que han hecho. No se trata de contar más cosas, se trata de que lo que cuentas le importe a alguien y este lo vea como algo útil, y eso, en el ámbito municipal, pasa siempre por lo mismo: impacto directo en la vida cotidiana. No se trata de embellecer una calle o una plaza con una fuente o una estatua, ni de cambiar las farolas del paseo marítimo para ahorrar CO2 o reducir el coste energético, se trata de solucionar un problema real como el mal estado de las aceras o la inseguridad en las calles.

El hecho es que en Vilagarcía vemos al alcalde mas interesado en aparecer en los medios por cuestiones que tienen poca relevancia para la ciudad. A nadie le interesa con quién se ha reunido su alcalde y sale en una foto si no entiende para qué ha sido esa reunión y en qué le afecta. Poco relevante es para la ciudad la foto en apoyo del colectivo LGTBY, o la de la colocación del cartel del no a la violencia machista en el balcón del Concello, que aunque si tengan relevancia social, en poco o en nada afectan al buen funcionamiento de la ciudad.

Cuando un vecino empieza a interesarse por un tema de la política municipal, normalmente ya llega con una opinión previa. Y gran parte de esa opinión no se ha formado en el perfil de Instagram del concello ni en el de X del líder político que lo gobierna, entre otras cosas porque gran parte de los políticos aburren a las piedras, no crean contenido específico y cuando lo hacen suelen ser para defenderse de los ataque de rivales o de gente enfadada con o sin razón. 

Peligro. Prohibido caminar por esta acera. cámbiese a la otra. Av. Rosalía de Castro.

Esa opinión se ha formado antes, en conversaciones informales en un bar, en un grupo de WhatsApp, en percepciones acumuladas a lo largo del tiempo, en lo que alguien le ha contado, en lo que ha visto en redes o en lo que ha ido viviendo con el paso del tiempo. Es decir, cuando la política municipal entra en juego…, la partida ya está empezada y esto es clave, pues la comunicación política municipal no compite en el vacío. Compite contra relatos que ya existen y circulan por la ciudad sin tener esa atención mediática para revertirlos. Por eso muchas veces se ven buenos mensajes que no funcionan, no porque estén mal explicados, sino porque llegan tarde, ya que el político muchas veces tarda en reaccionar al ruido de fondo mas de la cuenta.

Edificio del 101 de la Avda. Rosalía de Castro en la fachada marítima
 

En lo municipal, el contexto lo es todo. No es lo mismo hablar de vivienda en abstracto desde un despacho, que hacerlo delante de esas viviendas públicas que comienzan a construirse, o de esos terrenos donde se va a levantar un hotel que pretende solucionar el déficit de plazas hoteleras de la ciudad. No es responsabilidad del alcalde la reparación de la uralita rota en el edificio de la foto, pero si lo es el proteger y garantizar la seguridad del viandante que pasea por la fachada maritima. No es lo mismo hablar de planes de limpieza en la puerta del ayuntamiento que hacerlo en una calle concreta con sus contenedores rotos explicando qué se quiere cambiar. No es lo mismo hablar de los déficit estructurales de la villa, como los atascos circulatorios en la Avenida Rosalía de Castro, como mostrar los planes para solucionarlos. El lugar no es un decorado. Es un argumento político.

 

La buena política de comunicación se construye llegando antes a la conversación, conectando con las preocupaciones reales del ciudadano, siendo relevante y siendo capaz de traducir decisiones complejas de explicar en impactos comprensibles para él. Se construye conectando con el ciudadano, y conectar no es decir un día que te gusta la música o hacer postureo para que te vean. Es aparecer, impactar y estar presente de forma constante, y conseguirlo ni es difícil, ni hay que inventar nada raro. 

Valla rota y cables sueltos an la Avda. Rosalía de Castro

En los plenos de los concellos se toman decisiones, decisiones que han de afectar personalmente a alguien, y a este ya no hay que convencerle de que preste atención a la política municipal, pues ya la sufre para bien o para mal, y en este último caso la atención ya está ahí en forma de enfado, y cuando eso ocurre, ya no estás compitiendo por explicar. Estás intentando corregir el daño causado, y eso, en comunicación política, significa siempre ir por detrás, llegar tarde, causando merma en el capital político, lo que hace mas difícil la renovación de la confianza en determinada gestión política. Esa es la política que se dice "progresista" y que se hace en determinados concellos gobernados por la izquierda. ¿Quien dijo que solo se puede progresar por la izquierda? Hay otros caminos para el progreso.


Nota. 

Este artículo está basado en un relato de Francisco R. Vargas y Juan Manuel Barrios Salado escrito por estos para El Patio Político, que ha sido reinterpretado y adaptado por mi para reflejar la situación política del Concello de Vilagarcía de Arousa